Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville El trabajo de la lechería sólo duró hasta que empezó a disminuir la leche, pues no había conseguido una ocupación regular y continua como en Talbothays, sino simplemente una plaza de temporera. Pero hallándose a punto de recomenzar la recolección, le bastó pasar de la pradera a los trigales para encontrar ocupación sobrada, que podía durar hasta rematada la cosecha.
De las veinticinco libras que del dinero de Ángel le quedaban, descontadas las veinticinco que entregara a sus padres para compensarles de los gastos y molestias que les causara, no había gastado apenas nada. Pero luego sobrevino un desdichado intervalo de lluvias, durante el cual se vio obligada a echar mano de sus ahorros.
Mucho le dolía ver cómo se le iban marchando. Ángel había puesto en sus manos aquellas monedas nuevas y flamantes, y el hecho de haberlas tocado él se las hacía sagradas como reliquias del ausente; parecían haber compartido hasta ahora sus vicisitudes, y desparramarlas era lo mismo que privarse de preciados recuerdos. Sólo que no tuvo más remedio que desprenderse de ellas, y una a una se le fueron yendo.