Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Mira —continuó él con afectada compunción—. Preocupado únicamente con tu alma y la mÃa la última vez que nos vimos, me olvidé de preguntarte por tu situación material. El verte bien vestida tuvo la culpa. Pero ahora veo que arrastras una vida penosa, más penosa que cuando yo te conocÃ, más penosa de la que tú mereces. ¡Y quizá de ello sea yo en gran parte culpable!
No replicó Tess, y Alec la miró interrogante, mientras ella con la cabeza baja, completamente oculta por el ala del sombrero, reanudaba su tarea de desbrozar raÃces. Absorta en su labor pensaba la joven que podrÃa disimular sus emociones.
—¡Tess —añadió Alec con un suspiro de contrariedad—, lo que hice contigo fue la peor de mis hazañas! ¡De sus consecuencias no tuve noticia hasta que tú me lo contaste! ¡Fui un malvado al mancillar tu vida inocente! ¡De mi abusivo comportamiento contigo en Trantridge sólo yo soy el culpable! Pero también tú, que llevas en tus venas la verdadera sangre, de la que no es la mÃa sino una mala imitación, estuviste muy ciega respecto a sus consecuencias. Pienso muy seriamente ahora que es una vergüenza que los padres tengan a sus hijas en tan peligrosa ignorancia de las redes y artificios que pueden tenderle los malvados, aunque los motivos que para ello tengan sean buenos.