Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville No era el recién llegado el adusto patrono, el labrador Groby, sino un hombre de indumento semiclerical cuya figura correspondÃa al desenvuelto y osado Alec d’Urberville de otros tiempos. Sin el ardor que la predicación le infundÃa resultaba ahora más frÃo y sereno, pareciendo cohibirle la presencia del maquinista. Palideció Tess y se echó más sobre los ojos el sombrero.
D’Urberville se le acercó y con mucha suavidad le dijo:
—Tengo que hablarte, Tess.
—No ha hecho usted caso de mi último ruego. Le pedà que no volviera a acercarse a mà —replicó la joven.
—Es que tengo para ello un motivo muy serio.
—Bueno, pues hable pronto.
—Es más serio de lo que imaginas.
Miró a su alrededor, como temeroso de que alguien pudiera oÃrlo. Estaban a alguna distancia del maquinista y el ruido que armaba el artefacto era bastante para impedir que nadie oyera las palabras de Alec. Éste se interpuso entre Tess y el maquinista, vuelto de espaldas al último.