Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville La larga chimenea que se alzaba paralela a un fresno y el calor que despedÃa el artefacto daban a entender, sin que fuera precisa la luz del dÃa, que aquello era la máquina que iba a hacer de primum mobile en aquel pequeño mundo.
Junto a la máquina estaba un ser sombrÃo e inmóvil, un bulto muy alto, tiznado y mugriento, con un montón de carbón a su lado; era el maquinista. El aislamiento en que parecÃa considerarse y su negro color le daban el aspecto de una criatura del averno que se hubiera extraviado hasta ir a parar en la diafanidad limpia de humos de aquella región de amarillo grano y pálido suelo, con la que nada tenÃa de común, asombrando y empavoreciendo a sus habitantes.