Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Si realmente no puedes venir, déjame que vaya yo a buscarte. ¡Me encuentro, como te digo, acosada, atormentada para que haga lo que no quiero hacer! Estoy dispuesta a no ceder ni en tanto así, pero me asusta pensar adonde puede conducirme cualquier contingencia, hallándome tan indefensa, a causa de mi primer error. No puedo darte más pormenores sobre este particular… Me causa inmensa tristeza. Pero si llego a caer en alguna horrible trampa, mi situación habrá de ser todavía peor que antes… ¡Dios mío, no quiero ni pensarlo! ¡Déjame que vaya yo a buscarte enseguida, o ven tú a reunirte conmigo!
¡Ojalá pudiera vivir a tu lado, como criada siquiera, ya que no como esposa! ¡Poder estar junto a ti, verte, aunque sólo fuera alguna que otra vez, y considerarte mío! Nada veo a la luz del día no estando tú aquí, y no me agrada ya ver a los cuervos y los estorninos volando por los campos, porque me acuerdo de cuando los veíamos los dos juntos, y me da mucha pena, una gran pena. Sólo una cosa ansío con toda mi alma, en el cielo, en la tierra o debajo de ella: unirme a ti, ¡alma de mi alma! ¡Ven a mi lado, Ángel, ven en mi ayuda y sálvame de lo que me amenaza!
Tu fiel y desesperada
Tess.