Tess de D'Urberville

Tess de D'Urberville

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Sin embargo, las mutaciones que cada vez más se hacían sentir en la vida campesina no tenían por causa exclusiva la inquietud agrícola. Aquel movimiento emigratorio tenía también caracteres de despoblación. En otro tiempo los pueblos, además de los labriegos, contenían otra clase social más interesante y culta, notoriamente distinta y superior a la primera, a la que habían pertenecido el padre y la madre de Tess y en que entraban los hombres de oficio y los demás trabajadores ajenos a la agricultura; una casta que debía cierta estabilidad en sus ocupaciones y género de vida al hecho de ser renteros vitalicios, como el padre de Tess, enfiteutas y hasta pequeños terratenientes. Pero ahora, cuando caducaban los arriendos antiguos, rara vez se les renovaba, sino que los propietarios echaban abajo los edificios, a no ser que los destinasen a albergar a sus propios braceros. Los inquilinos de esas fincas que no se aplicaban a las labores agrícolas eran mal mirados, y la desaparición de unos cuantos perjudicaba notablemente al trabajo de los demás, que se veían obligados a seguirlos. Aquellas familias que habían formado la médula de la vida local en el pasado y habían sido depositarias de las tradiciones del pueblo, tenían que ir a buscar refugio en las poblaciones grandes; ese proceso, que los estadísticos definen caprichosamente como «tendencia de la población rural a emigrar a las grandes urbes», es en realidad la tendencia que muestra el agua a fluir hacia arriba cuando se la impele por medio de un mecanismo. Habiendo disminuido considerablemente en Marlott el número de las viviendas disponibles a causa de los derribos, los agricultores acaparaban para sus braceros todas las casas que aún quedaban en pie. Desde aquel acontecimiento que tanto ensombreciera la vida de Tess, la familia Durbeyfield —cuya linajuda prosapia nadie tomaba en serio— era mirada por todos como una de aquéllas que, luego de caducado el arrendamiento, tendría que emigrar del país, aunque sólo fuera por consideraciones de moralidad. Era lo cierto que la tal familia no había sido un modelo, ni mucho menos, de templanza, sobriedad o castidad. El padre y hasta la madre habían sido dados a la bebida, los chicos rara vez iban a la iglesia y la hija mayor había contraído uniones sospechosas. El pueblo debía velar por la moral; y así, el primer día de la Anunciación, después de caducado el contrato de arrendamiento, la casa, siendo espaciosa, fue requerida para un carretero con una amplia familia, y la viuda Joan, Tess y Liza-Lu, el muchacho Abraham y los chicos pequeños tuvieron que ir a otra parte.


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