Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Cuando el anciano mÃster Simón Stoke, recién fallecido, hubo hecho un capitalito honradamente en el comercio —hay quien dice que prestando dinero a rédito— en el norte, resolvió establecerse en un condado del sur de Inglaterra, lo más distante posible del que fuera teatro de sus negocios; y al hacerlo asÃ, sintió la necesidad de adoptar un nombre que no le recordase a nadie el listo mercader de su pasado y al mismo tiempo fuese menos vulgar que el que le correspondiera al nacer. Después de examinar en el Museo Británico por espacio de una hora larga las páginas de los libros en que constan las familias extinguidas, mortecinas, oscurecidas y arruinadas oriundas del rincón de Inglaterra en que pensaba afincarse, sacó la convicción de que no habÃa ninguno que sonase tan bien al oÃdo y tan buen papel hiciese como el de d’Urberville, asà que decidió apropiárselo para sà y para sus herederos. No extremó, sin embargo, el hombre la extravagancia, y, al fabricarse un árbol genealógico sobre la nueva base, se condujo con mucha prudencia tocante a reseñar los matrimonios y entronques aristocráticos, cuidando de no insertar allà ni un solo tÃtulo que no fuera estrictamente moderado.