Tess de D'Urberville

Tess de D'Urberville

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ángel tomó el partido de no dar crédito a la severidad de la última carta de Tess, determinando correr inmediatamente en busca de su esposa. Preguntó a su padre si ésta le había pedido algún dinero durante su ausencia, y al contestarle aquél negativamente, le asaltó al joven por primera vez la idea de que sólo por orgullo no lo habría hecho la joven, la cual por fuerza habría tenido que pasar sus apuros.

De deducción en deducción vinieron al fin los padres en conocimiento de cuál había sido la causa de la separación de los cónyuges, y hasta tal punto tenía arraigo en sus almas la creencia evangélica, que Tess, que hasta entonces no despertara su interés ni por su abolengo, ni por el cariño que a su hijo le demostrara, ni siquiera por su pobreza, hubo de despertárselo, y vivísimo, por su pecado.

Mientras Ángel hacía su equipaje para el viaje que emprendía, hubo de posar la mirada en una breve e ingenua esquela que últimamente había recibido, la de Marian e Izz, que empezaba de esta suerte: «Respetable señor: Mire usted por su esposa, si la quiere tanto como ella le quiere a usted», e iba firmada por Dos que le quieren bien.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker