Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Ahora recuerdo que un pariente mío por parte de madre fue pastor de ganado por estas tierras. Y tú solías decirme en Talbothays que yo era una pagana. De modo que no puedo estar más en mi casa entre estas piedras.
Ángel se arrodilló junto a Tess, que estaba tendida en el suelo, y la besó en los labios.
—¿Tienes sueño, amor mío? Me parece como si estuvieras en un altar.
—Estoy aquí muy a gusto —murmuró ella—. ¡Está esto tan solemne y solitario! Con lo feliz que soy… a tu lado…, sin nada más que el cielo sobre mi frente. Me parece como si en el mundo no hubiera más criaturas que nosotros dos, ¡y ojalá fuera así!… Bueno, que también Liza-Lu estuviera con nosotros.
Pensó Ángel que no había inconveniente en que su esposa descansara allí hasta recobrar un tanto las fuerzas, y cubriéndola con su abrigo se sentó a su lado.
—Ángel, si me sucediera algo malo, ¿te encargarías de velar por Liza-Lu? —le preguntó ella, después de escuchar en silencio breve rato el rumor del viento por entre las columnas.
—De mil amores.
—¡Es tan buena, tan sencilla, tan inocente! ¡Oye, Ángel…, yo quisiera que te casaras con ella si te quedas sin mí, como ha de ocurrir muy pronto! ¡Cuánto te lo agradecería!