La letra escarlata
La letra escarlata —¡Eh! ¡Eh! dijo,—dejando ver un rostro de mal agüero que contrastaba con el aspecto alegre de la casa. ¿Quieres venir con nosotros esta noche á la selva? Tendremos allà gentes muy alegres; y he prometido al Hombre Negro que Ester Prynne tomarÃa parte en la fiesta.
—ServÃos disculparme,—respondió Ester con una sonrisa de triunfo. Tengo que regresar á mi casa y cuidar de mi Perlita. Si me la hubieran quitado, entonces habrÃa ido con gusto á la selva en tu compañÃa, firmando mi nombre en el libro del Hombre Negro, y eso con mi propia sangre.
—Ya te tendremos allà antes de mucho,—dijo la dama bruja, frunciendo el entrecejo y retirándose.
Pero aquÃ,—si suponemos que este diálogo entre la Sra. Hibbins y Ester es auténtico, y no una fábula,—aquà tenemos ya una prueba de la razón que tuvo el joven eclesiástico en oponerse á que se cortaran los lazos que unen una madre delincuente al fruto de su fragilidad. Ya en esta ocasión el amor de la niña salvó á la madre de las asechanzas de Satanás.