La letra escarlata
La letra escarlata —Basta, Ester, basta,—replicó el anciano médico con sombrÃa entereza.—No me está concedido perdonar. No hay en mà esa facultad de que hablas. Mi antigua fe, olvidada hace tiempo, se apodera de nuevo de mà y explica todo lo que hacemos y todo lo que padecemos. El primer paso errado que diste, sembró el germen del mal; pero desde aquel momento ha sido todo una fatal necesidad. Vosotros que de tal modo me habéis ofendido, no sois culpables, excepto en una especie de ilusión; ni soy yo el enemigo infernal que ha arrebatado al gran enemigo del género humano su oficio. Es nuestro destino. Deja que se desenvuelva como quiera. Continúa en tu sendero, y haz lo que te parezca con ese hombre.
Hizo una señal con la mano y siguió recogiendo hierbas y raÃces.