La letra escarlata
La letra escarlata No debe causar sorpresa que se preguntaran mútuamente si estaban realmente vivos, y que hasta dudasen de su propia existencia corporal. De tan extraña manera se encontraron en el crepúsculo de aquella selva, que parecía como si fuese la primer entrevista que tuvieran más allá del sepulcro dos espíritus que habían estado íntimamente asociados en su vida terrestre, pero que ahora se hallaban temblando, llenos de mutuo temor, sin haberse familiarizado aún con su condición presente, ni acostumbrado á la compañía de almas desprovistas de sus cuerpos. Cada uno era un espíritu que contemplaba, lleno de asombro, al otro espíritu. Igualmente experimentaban respecto de sí mismos una extraña sensación, porque en aquel momento á cada cual se le representó, de una manera viva é intensa, toda su íntima historia y toda la amarga experiencia de la vida, como acontece tan solo en tales instantes en el curso de nuestra existencia. El alma se contempla en el espejo de aquel fugitivo momento. Con temor pues, y trémulamente, cual si lo hiciera impulsado por necesidad ineludible, extendió Arturo Dimmesdale su mano, fría como la muerte, y tocó la helada mano de Ester Prynne. Á pesar de lo frígido del contacto de aquellas manos, se sintieron al fin habitantes de la misma esfera, desapareciendo lo que había de extraño y misterioso en la entrevista.