La letra escarlata
La letra escarlata —¡Oh Ester!—exclamó Arturo Dimmesdale cuyos ojos brillaron un momento, para perder el fulgor inmediatamente, á influjos del entusiasmo de aquella mujer,—¡oh Ester! estás hablando de emprender la carrera á un hombre cuyas rodillas vacilan y tiemblan. ¡Yo tengo que morir aquÃ! No tengo ya ni fuerzas, ni valor, ni energÃa para lanzarme á un mundo extraño, inmenso, erizado de dificultades, y lanzarme solo.
Era esta la última expresión del abatimiento de un espÃritu quebrantado. Le faltaba la energÃa para aprovecharse de la fortuna más favorable que parecÃa estar á su alcance.
Repitió la palabra.
—¡Solo, Ester!
—Tú no irás solo,—respondió Ester con profundo acento.
Y con esto, todo quedó dicho.