La letra escarlata
La letra escarlata —Estos siete años de infortunio y de desgracia te han abrumado con su peso,—replicó Ester resuelta á infundirle ánimo con su propia energÃa.—Pero tienes que dejar todo eso detrás de tÃ. No ha de retardar tus pasos si escoges el sendero de la selva y quieres alejarte de la población; ni debes echar su peso en la nave, si prefieres atravesar el océano. Deja estos restos del naufragio y estas ruinas aquÃ, en el lugar donde aconteció. Echa todo eso á un lado. Comiénzalo todo de nuevo. ¿Has agotado por ventura todas las posibilidades de acción en el fracaso de una sola prueba? De ningún modo. El futuro está aun lleno de otras pruebas, y finalmente de buen éxito. ¡Hay aun felicidad de que disfrutar! ¡Hay aun mucho bien que hacer! Cambia esta vida falsa que llevas por una de sinceridad y de verdad. Si tu espÃritu te inclina á esa vocación, sé el maestro y el apóstol de la raza indÃgena, Ó,—pues acaso se adapta más á tu naturaleza,—sé un sabio y un erudito entre los más sabios y renombrados del mundo de las letras. Predica: escribe: sé hombre de acción. Haz cualquier cosa, excepto echarte al suelo y dejarte morir. Despójate de tu nombre de Arturo Dimmesdale, y créate uno nuevo, un nombre excelso, tal como puedes llevarlo sin temor ni vergüenza. ¿Por qué has de soportar un solo dÃa más los tormentos que de tal modo han devorado tu existencia,—que te han hecho débil para la voluntad y para la acción,—y que hasta te privarán de las fuerzas para arrepentirte?—Ãnimo; arriba, y adelante.