La letra escarlata
La letra escarlata Cuando estuvo solo, el ministro llamó á un sirviente de la casa y le pidió algo de comer, lo que traÃdo que fué, puede decirse que despachó con voraz apetito; y arrojando á las llamas lo que ya tenÃa escrito de su sermón, empezó acto continuo á escribir otro, con tal afluencia de pensamientos y de emoción que se creyó verdaderamente inspirado, admirándose sólo de que el cielo quisiera transmitir la grande y solemne música de sus oráculos por un conducto tan indigno como él se consideraba. Dejando, sin embargo, que ese misterio se resolviese por sà mismo, ó permaneciera eternamente sin resolverse, continuó su labor con empeño y entusiasmo. Y asà se pasó la noche hasta que apareció la mañana, arrojando un rayo dorado en el estudio, donde sorprendió al ministro, pluma en mano, con innumerables páginas escritas y esparcidas por donde quiera.