Fenomenología del Espíritu

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Pero en la inmolación efectivamente consumada, igual que la conciencia cancelaba la actividad en cuanto suya, también su desdicha se ha desasido en sí de ella. Que este desasimiento haya acaecido en sí es, sin embargo, una actividad del otro extremo del silogismo, que es la esencia que es en sí. Pero esa inmolación del extremo inesencial, a la vez, no era una actividad unilateral, sino que contenía dentro de sí la actividad del otro. Pues la entrega de la propia voluntad es negativa sólo por un lado, según su concepto o en sí; a la vez, sin embargo, es positiva, a saber, el poner la voluntad como de otro, y, de modo determinado, la voluntad como de algo no singular, sino universal. Para esta conciencia, este significado positivo de la voluntad singular puesta negativamente es la voluntad del otro extremo, la cual, precisamente porque es otro para la conciencia, le adviene a ésta no por sí misma, sino a través de un tercero, el mediador en cuanto consejero. De suerte que para ella, su voluntad llega a hacerse universal, y voluntad que es en sí, pero ella misma, la conciencia, no se es esto en sí; la entrega de lo suyo como singular no es, a sus ojos, lo positivo de la voluntad universal según el concepto. Asimismo, su entrega de la posesión y del disfrute tiene sólo el mismo significado negativo, y no encuentra lo universal como una actividad suya propia. Igual que esta unidad de lo objetual y del ser-para-sí, que está en el concepto de actividad, y que por eso llega a serle a la conciencia como la esencia y objeto, no es, a ojos de la conciencia, el concepto de su actividad, tampoco el hecho de que la unidad llegue a ser en cuanto objeto para la conciencia es inmediatamente y por ella misma a ojos de ésta, sino que al servidor que intermedia le hace pronunciar esta certeza, todavía entrecortada, de que su desdicha es lo invertido sólo en sí, esto es, que es una actividad que se autosatisface en su actividad, o que es un disfrute beatífico; y que su actividad miserable es en sí, en la misma medida, lo invertido en sí, a saber, una actividad absoluta; que, según el concepto, la actividad sólo es actividad en cuanto tal como actividad de lo singular. Pero, para la conciencia misma, la actividad, y su actividad efectivamente real, siguen siendo una actividad miserable, y su disfrute sigue siendo el dolor, y el haber sido cancelados éstos, en el significado positivo, sigue siendo un más allá. Mas en este objeto en el que su actividad y su ser, en cuanto que de esta conciencia singular, le son a ella ser y actividad en sí, le ha advenido a la conciencia la representación de la razón, de la certeza que la conciencia tiene de que, dentro de su singularidad, es absolutamente en sí, o es toda realidad.


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