Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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Son. Si pregunto cómo surgieron, y las reduzco hasta el punto de su origen, ya he ido más allá de él; pues, a partir de ahí, soy yo lo universal, mientras que ellas son lo condicionado y restringido. Si ellas deben legitimarse según mi intelección, ya he movido entonces su imperturbable ser-en-sí, y las considero como algo que quizá sea verdadero, o quizá no sea verdadero para mí. La convicción ética consiste precisamente en perseverar inexorable y firmemente en lo que es lo justo, absteniéndose de todo mover, sacudir y retrotraer. Se me hace depositario de algo: es propiedad de otro, y yo lo reconozco porque es así, y me mantengo imperturbable en esta relación. Si me quedo con ese depósito para mí, entonces, conforme al principio de mi examinar, que es la tautología, no cometo absolutamente ninguna contradicción; pues en adelante, ya no lo considero propiedad de otro; quedarse algo que yo no considero propiedad de otro es perfectamente consecuente. La modificación en el modo de considerar no es una contradicción, pues de lo que se trata no es de él en cuanto modo de considerar, sino del objeto y del contenido, que no deben contradecirse. Igual que yo —por ejemplo, cuando me deshago de algo regalándolo— puedo transformar el modo de considerar algo como propiedad mía para transformarlo en el modo de considerar por el que es propiedad de otro sin incurrir por ello en una contradicción, también puedo recorrer el camino inverso.—Así pues, no porque yo encuentre que algo no es contradictorio, ese algo es justo y de derecho, sino que porque es lo justo es por lo que es justo y de derecho. Que algo sea propiedad de otro, eso es lo que está en el fundamento, acerca de eso no tengo que hacer razonamientos, ni buscar o dejar que se me ocurran cualquier tipo de pensamientos, conexiones o consideraciones; ni pensar en legislar, ni en examinar leyes; por medio de tales movimientos de mi pensamiento he trastornado esa relación, en tanto que yo, de hecho, al arbitrio de mi indeterminado saber tautológico, podría hacer igualmente lo contrario y convertirlo en ley. Sino que, si lo justo y de derecho es esta determinación o lo es la contrapuesta, ello está determinado en y para sí; yo, para mí, podría hacer una ley con la determinación que quisiera, igual que podría no hacer ninguna: en cuanto empiezo a examinar, estoy ya en el camino no ético. Que, a mis ojos, lo justo y de derecho sea en y para sí: así es como estoy en la sustancia ética; de ese modo es ella la esencia de la autoconciencia; esta última, empero, es la realidad efectiva y la existencia de la sustancia ética, su sí-mismo y su voluntad.


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