Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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La ley divina, que es la que manda en la familia, tiene también, por su parte, diferencias dentro de sí, la referencia entre las cuales constituye el movimiento vivo de su realidad efectiva. Pero de entre estas tres relaciones, la de hombre y mujer, la de los padres y los hijos y la de hermano y hermana, va primero la relación del hombre y la mujer, el inmediato conocerse de una conciencia en otra, y el conocer que se han dado reconocimiento mutuo. El conocerse natural, puesto que no es el conocerse ético, es sólo la representación y la imagen del espíritu, no el espíritu mismo efectivamente real.— La representación, o la imagen, empero, tiene su realidad efectiva en otro distinto de lo que ella es; por eso, esta relación no tiene su realidad efectiva en ella misma, sino en el hijo: en otro del cual ella es su génesis, y en el que ella misma desaparece; y este cambio de las generaciones avanzando continuadamente tiene su consistencia y su reserva[119] en el pueblo.—La piedad recíproca del hombre y de la mujer está mezclada, entonces, con la referencia natural y con el sentimiento, y la relación entre ellos no tiene su retorno hacia sí en ella misma; y lo mismo la segunda relación, la piedad recíproca de padres e hijos. La piedad de los padres hacia los hijos está afectada precisamente de esta emoción de tener la conciencia de su realidad efectiva en el otro, y de ver al ser-para-sí llegar a ser en él, sin que pueda recuperarlo; mientras que la de los hijos hacia los padres, a la inversa, está afectada con la emoción de tener la génesis de sí mismos, o su en-sí, en otro que desaparece, y de alcanzar el ser-para-sí y la propia autoconciencia sólo separándose del origen: una separación en la que éste queda seco[120].


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