Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu El éste, entonces, está puesto como no éste, o como cancelado; y, por tanto, no es la nada, sino una nada determinada, o bien, una nada de un contenido, a saber, de el esto. Con lo cual, lo sensible mismo sigue estando presente, pero no como lo singular que se quiere íntimamente decir, según debía de ser en la certeza inmediata, sino como universal, o como eso que se deja determinar como propiedad[61]. El cancelar presenta lo que de verdad es su doble significado, que hemos visto en lo negativo; es, al mismo tiempo, un negar y un conservar; la nada, en cuanto nada del esto, conserva la inmediatez, y es ella misma sensible, pero es una inmediatez universal.—Mientras que el ser es un universal por tener en él la mediación o lo negativo; en tanto que expresa esto en su inmediatez, es él una propiedad diferente, determinada. Con lo cual están puestas, a la vez, muchas propiedades, siendo una la propiedad negativa de la otra. En tanto que están expresadas en la simplicidad de lo universal, estas determinidades —las cuales, propiamente, sólo llegan a ser propiedades en virtud de una determinación que habrá de añadirse más adelante— se refieren a sí mismas, son mutuamente indiferentes, cada una es para sí, libre de la otra. Pero la propia universalidad simple igual a sí misma es, a su vez, diferente de estas determinidades suyas, y es libre; es el puro referirse a sí misma, o el medio en el que están todas estas determinidades, se compenetran en ella en cuanto unidad simple, pero sin tocarse; pues justamente por la participación en esta universalidad son indiferentes para sí.—Este medio abstracto universal, que puede denominarse la cosidad sin más o la pura esencia, no es otra cosa que el aquí y el ahora tal como ellos han probado ser, a saber, como la simple coincidencia de estar juntos muchos, pero los muchos, en su determinidad, son ellos mismos, simplemente, universales. Esta sal es un simple aquí y es, a la vez, múltiple; es blanca, y también picante, y también con forma cúbica, con un determinado peso, etc. Todas estas propiedades están en un único aquí simple, en el que, por tanto, se compenetran; ninguna tiene un aquí distinto de la otra, sino que cada una está por doquier, en lo mismo donde esté la otra; y a la vez, sin estar separadas por aquís diferentes, no se afectan en esta compenetración; lo blanco no afecta ni cambia lo cúbico, ni ambos a lo picante, etc., sino que, como cada propiedad es, ella misma, un simple referirse a sí, deja tranquilamente a las otras y se refiere únicamente a ellas a través del indiferente también. Este también es, pues, lo universal puro mismo, o el medio, la cosidad que las reúne y conjunta.