Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu A la vez, este servicio divino solitario es, esencialmente, el servicio divino de una comunidad[165], y el puro e interior saberse y oírse a sí mismo avanzan hasta el momento de la conciencia. La contemplación de sí es su existencia objetual, y este elemento objetual es el acto de enunciar su saber y querer como algo universal. Por este enunciar, el sí-mismo se convierte en algo vigente, y la acción en la obra que hay que llevar a cabo. La realidad efectiva y la subsistencia de su actividad es la autoconciencia universal; pero el acto de enunciar la certeza moral pone a la certeza de sí misma como Sí mismo puro, y por ello, como sí-mismo universal; los otros dan validez a la acción en virtud de este discurso en el que el sí-mismo es expresado y reconocido como la esencia. El espíritu y la sustancia de la asociación entre ellos es, pues, la aseveración mutua de su condición de certeza moral, sus buenas intenciones, el regocijo de esta pureza recíproca y el solazarse en la magnificencia del saber y del enunciar, del guardar y cuidar tal excelencia.—En la medida en que esta certeza moral todavía diferencie entre su conciencia abstracta y su autoconciencia, tiene su vida únicamente oculta en Dios; cierto es que éste está inmediatamente presente a su espíritu y su corazón, a su sí-mismo, pero lo manifiesto, su conciencia efectiva y el movimiento mediador de la misma, es, a ojos de ella, algo otro distinto de ese interior oculto y la inmediatez de la esencia presente. Únicamente en la compleción de la certeza moral se cancela la diferencia entre su conciencia abstracta y su autoconciencia. Ella sabe que la conciencia abstracta es justamente este sí-mismo, este ser-para-sí cierto de sí, sabe que, en la inmediatez de la referencia del sí-mismo a lo en-sí —que, puesto fuera del sí-mismo, es la esencia abstracta y lo oculto a ella— ha quedado cancelada justamente la diversidad. Pues referencia mediadora será aquella en la que los referidos no sean uno y el mismo, sino que se sean mutuamente otros, y sólo en un tercero sean uno; pero, de hecho, la referencia inmediata no se llama sino unidad. La conciencia, una vez que se eleva por encima de esa carencia de pensamiento que consiste en tener todavía por diferencias a estas diferencias que no lo son, sabe la inmediatez de la presencia de la esencia dentro de ella como la unidad de la esencia y de su sí-mismo, sabe, entonces, su sí-mismo como lo en-sí vivo, y este su saber como la religión, la cual, en cuanto saber contemplado o que está ahí, es el hablar de la comunidad acerca de su espíritu.