Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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Si consideramos este hundirse dentro de sí misma, vemos que, para la conciencia, la sustancia que es en-sí es el saber en cuanto su saber. En cuanto conciencia, ella está separada en la oposición entre ella y el objeto que es la esencia para ella; pero justamente este objeto es lo perfectamente transparente, es su sí-mismo, y su conciencia es sólo el saber de sí. Toda vida, y toda esencialidad espiritual, han regresado dentro de este sí-mismo, y han perdido su diversidad respecto al yo-mismo. De ahí que los momentos de la conciencia sean esas abstracciones extremas, ninguna de las cuales se mantiene en pie, sino que se pierde en las otras, y las genera. Es la alternancia de la conciencia desdichada consigo misma, pero una alternancia que, para ella, se produce en el interior de ella, y es consciente de ser el concepto de la razón, concepto que aquella conciencia desdichada sólo era en sí. La certeza absoluta de sí misma se muda de golpe, ante ella misma en cuanto conciencia, entonces, inmediatamente, en el apagarse de un sonido, en objetualidad de su ser para sí; pero este mundo creado es su discurso, que también es oído inmediatamente, y cuyo eco vuelve sólo a ella. De ahí que este regreso no tenga el significado de que ella sea aquí en y para sí; pues la esencia no es, a sus ojos, en-sí alguno, sino que lo es ella misma; ni tampoco tiene existencia, pues lo objetual no llega a ser algo negativo del sí-mismo efectivo; así como este último no llega a la realidad efectiva. Le falta la fuerza de exteriorizarse, la fuerza de hacerse cosa y de soportar el ser. Vive en la angustia de mancillar la magnificiencia de su interior por medio de la acción y de la existencia, y, a fin de conservar la pureza de su corazón, rehúye el contacto con la realidad, y se obstina en la terca flojedad para renunciar a su sí-mismo enconado hasta la última abstracción y darse sustancialidad, o para transformar su pensar en ser y confiarse a la diferencia absoluta. Por eso, el objeto hueco que ella se genera lo rellena únicamente con la conciencia de la vaciedad; su actividad es el anhelar que, en el llegar a ser sí misma, no hace sino perderse hasta quedar en objeto sin esencia y, saliendo de esta pérdida para volver a caer dentro de sí, sólo se encuentra como perdida;—en esta pureza transparente de sus momentos, es un alma desgraciada, lo que se llama un alma bella, que se va apagando dentro de sí, y se desvanece como un humo sin figura que se disuelve en el aire.


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