Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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Esta conciencia que juzga, por ende, es ella misma abyecta, pues divide la acción, y produce y retiene la desigualdad consigo misma. Es, además, una hipocresía, porque hace como si semejante emitir juicios no fuera otra manera de ser malo, sino la conciencia recta y justa de la acción, y dentro de esta irrealidad efectiva y vanidad de saberlo todo y saberlo mejor, se pone a sí misma más allá de los actos que vilipendia, y quiere que su hablar inactivo sea tomado por una realidad efectiva excelente.—Haciéndose, entonces, igual al que actúa y al que está juzgando, es conocida por éste como lo mismo que él. Este que actúa no se encuentra aprehendido por ella meramente como algo extraño y desigual de ella, sino, que, antes bien, encuentra que ella, por su propia hechura, es igual que él. Contemplando esta igualdad y enunciándola, se confiesa y espera que la otra, igual que se ha igualado a él en el hecho, también replicará a su discurso, pronunciará en él su igualdad, y entonces intervendrá la existencia que reconoce. Su confesión no es una humillación, una degradación, un envilecimiento en la relación frente al otro; pues este enunciar no es lo unilateral por medio de lo cual sentara su desigualdad con él, sino que sólo en virtud de la contemplación de la igualdad del otro con él se enuncia, enuncia de su lado, en su confesión, la igualdad entre ellos, y la enuncia por la razón de que el lenguaje es la existencia, el estar ahí del espíritu en cuanto sí-mismo inmediato; espera, entonces, que el otro contribuya por su parte a esa existencia.


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