Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu La igualación verdadera, a saber, la que es autoconsciente y es ahí, está ya, conforme a su necesidad, contenida en lo que antecede. El romperse el duro corazón y la elevación de éste hasta la universalidad son el mismo movimiento, que estaba expresado en la conciencia que se confesaba a sí misma. Las heridas del espíritu sanan sin que queden cicatrices; el acto no es lo imperecedero, sino que es retomado por el espíritu dentro de sí, y el lado de la singularidad, que está presente en el acto, ya sea como intención, o como negatividad existente y límite suyo, es lo que desaparece inmediatamente. El sí-mismo que realiza efectivamente, la forma de su acción, es sólo un momento del todo, e igualmente lo es el saber que determina por medio de la condena y que establece la diferencia entre los lados singular y universal del actuar. Aquella conciencia mala pone este despojamiento de sí, o a sí misma, como momento, atraída hacia la existencia que confiesa por la contemplación de sí mismo en el otro. Pero a este otro, a la conciencia que condena, igual que a aquella se le rompía su existencia unilateral no reconocida de ser-para-sí particular, también tiene que rompérsele su condena unilateral no reconocida; e igual que aquélla presenta el poder del espíritu por encima de su realidad efectiva, ésta presenta el poder por encima de su concepto determinado.