Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu En tanto que, primero, se hace la diferencia entre la autoconciencia y la conciencia propiamente dicha, entre la religión y el espíritu en su mundo, o el estar ahí del espíritu, este ser ahí, su existencia, consiste en la totalidad del espíritu en la medida en que sus momentos se presentan como disociándose unos de otros, y cada uno para sí. Pero esos momentos son la conciencia, la autoconciencia, la razón y el espíritu: esto es, el espíritu, en cuanto espíritu inmediato, que no es todavía conciencia del espíritu. La totalidad resumida de tales momentos constituye al espíritu en su existencia mundana sin más; el espíritu como tal contiene las configuraciones precedentes en las determinaciones universales, en los momentos que acabamos de nombrar. La religión presupone todo el curso de las mismas, y es la totalidad simple o el sí-mismo absoluto de ellas.—Por lo demás, su transcurso en la relación con la religión no puede representarse en el tiempo. Todo el espíritu es sólo en el tiempo, y las figuras que son figuras de todo el espíritu como tal se exponen en una serie sucesiva; pues sólo el todo tiene realidad efectiva propiamente dicha, y por tanto, la forma de la libertad pura frente a lo otro, forma que se expresa como tiempo. Pero los momentos del todo, conciencia, autoconciencia, razón y espíritu, por ser momentos, no tienen ninguna existencia diversa unos de otros.—Así como se diferenciaba entre el espíritu y sus momentos, se ha de diferenciar, todavía, en tercer lugar, entre estos momentos mismos y su determinación singularizada. En efecto, a cada uno de tales momentos lo volvíamos a ver, a su vez, en él mismo, diferenciándose en un transcurso propio y configurándose de manera diversa; tal como en la conciencia, por ejemplo, se diferenciaban la certeza sensorial y la percepción. Estos últimos lados se disocian en el tiempo, y pertenecen a un todo particular.—Pues el espíritu desciende desde su universalidad determinándose hasta la singularidad. La determinación, o el término medio, es la conciencia, autoconciencia, etc. Pero la singularidad la constituyen las figuras de cada uno de estos momentos. Por eso, éstas exponen al espíritu en su singularidad o realidad efectiva, y se diferencian en el tiempo, de tal manera, sin embargo, que la que sigue conserva y retiene en ella a las que le preceden.