Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

En tanto que este ir-dentro-de-sí de la conciencia que es ahí se determina inmediatamente como el llegar a ser desigual consigo misma, el mal aparece como la primera existencia de la conciencia que ha ido dentro de sí; y como los pensamientos del bien y del mal están contrapuestos por antonomasia, y esta contraposición no está disuelta todavía, esta conciencia es, esencialmente, sólo el mal. A la vez, sin embargo, en virtud precisamente de esta contraposición, también está presente frente a éste la conciencia buena, y la relación mutua de las dos.—En la medida en que la existencia inmediata se torna en pensamiento y, por una parte, el ser-dentro-de-sí es, él mismo, pensar, mientras que, por otra, el momento del venir-a-ser-otro de la esencia queda más determinado con ello, el hacerse malo puede ser desplazado más hacia atrás, fuera del mundo existente, ya al primer reino del pensar. Puede decirse, entonces, que ya el primer hijo nacido de la luz, al entrar dentro de sí, es el hijo caído, pero que en seguida fue engendrado otro en su lugar. Una forma tal como caer, que pertenece meramente a la representación, no al concepto, así como hijo, rebaja también, por lo demás y a la inversa, los momentos del concepto al representar, o bien, transfiere el representar al reino del pensamiento.—Igual de indiferente es seguir asignándole al pensamiento simple del ser-otro, dentro de la esencia eterna, una multiplicidad de otras figuras, y desplazar hacia ellas el ir-dentro-de-sí. Al mismo tiempo, ha de darse por buena esta asignación, porque, así, este momento del ser-otro expresa al mismo tiempo, como debe ser, la diversidad; y por cierto, no como pluralidad en general, sino, a la vez, como diversidad determinada, de manera que una parte, el Hijo, es lo simple que se sabe a sí mismo como esencia, mientras que la otra parte es la exteriorización del ser-para-sí, exteriorización que sólo vive en la alabanza de la esencia; en esta parte, entonces, puede depositarse de nuevo el acto de recoger el ser-para-sí exteriorizado y el ir-dentro-de-sí del mal. En la medida en que el ser-otro se descompone en dos, el espíritu estaría más determinado en sus momentos, y si éstos se contasen, entonces, como cuaternidad, o incluso, dado que la muchedumbre vuelve a dividirse en dos, a saber, los que siguen siendo buenos y los que caen en el mal, como quinquenidad.—Pero, en general, contar los momentos puede considerarse que carece de provecho, en tanto que, por una parte, lo diferenciado mismo es también sólo Uno, a saber, precisamente, el pensamiento de la diferencia, que es sólo un único pensamiento, en cuanto que él es esto diferenciado, lo segundo frente a lo primero: pero, por otra parte, porque el pensamiento que abarca lo mucho en uno está disuelto de su universalidad y tiene que ser diferenciado en más de tres o cuatro diferencias;—la cual universalidad, frente a la determinidad absoluta de lo Uno abstracto, del principio del número, aparece como indeterminidad en la referencia al número mismo, de manera que sólo podría hablarse de números en general, esto es, no de un número concreto de diferencias, con lo que pensar aquí en número o en números es completamente superfluo, como también, por lo demás, la mera diferencia de magnitud y cantidad no dice nada y carece de concepto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker