Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu El mundo, sin embargo, no es solamente este espíritu arrojado a la integridad completa y disperso en ella y su orden externo, sino que, como el espíritu es, esencialmente, el sí-mismo simple, éste también está presente en el mundo: es el espíritu que está ahí, que es el sí-mismo singular que tiene la conciencia y se diferencia de sí como otro o como mundo.—Tal como este sí-mismo singular está así inmediatamente puesto, de primeras, no es todavía espíritu para sí; no es, pues, en cuanto espíritu, se le puede llamar inocente, pero no, desde luego, bueno. Para ser de hecho sí-mismo y espíritu, tiene también —igual que la esencia eterna se presenta como el movimiento de ser igual a sí misma en su ser-otro— que venir primero a ser otro ante sí mismo. En tanto que este espíritu está determinado como estando ahí, de primeras, sólo de manera inmediata, o como disperso en la multiplicidad de su conciencia, su venir-a-ser-otro es el ir dentro-de-sí del saber como tal. La existencia inmediata se torna en pensamiento, o bien, la conciencia sólo sensible se torna en la conciencia del pensamiento, y como éste es, por cierto, el pensamiento que proviene de la inmediatez, o condicionado, no es el saber puro, sino el pensamiento que tiene en él al ser-otro y, por ende, el pensamiento contrapuesto a sí mismo de lo bueno y lo malo. El hombre es representado de tal manera que haya acontecido, como algo no necesario, el que perdiera la forma de la igualdad a sí mismo por arrancar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y fuera expulsado del estado de la conciencia inocente, de la naturaleza que se ofrecía sin trabajarla, del paraíso, del jardín de los animales.