Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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Éstos son los momentos de los que se compone la reconciliación del espíritu con su conciencia propiamente dicha; ellos, para sí, son singulares, y sólo su unidad espiritual es lo que constituye la fuerza de esta reconciliación. Mas el último de estos momentos es, necesariamente, esta unidad misma, que de hecho, como es evidente, los enlaza a todos dentro de sí. El espíritu cierto de sí en su existencia no tenía por elemento de la existencia otra cosa que este saber acerca de sí; enunciar que lo que él hace lo hace según la convicción del deber: este lenguaje suyo era la validez de su obrar.—El obrar era el primer separar que-es-en-sí de la simplicidad del concepto, y era el regreso desde esta separación. Este primer movimiento se tornaba en el segundo al ponerse el elemento del reconocer como saber simple del deber frente a la diferencia y la escisión que hay en el obrar como tal, y de este modo formaba una efectividad férrea frente al obrar. Veíamos, empero, cómo en el perdón esta dureza cedía, y se despojaba. La realidad efectiva, entonces, no tenía allí para la autoconciencia, así como para la existencia inmediata, otro significado que el de ser el saber puro;—asimismo, en cuanto existencia determinada, o en cuanto relación, lo que se enfrentaba a sí era un saber, por una parte, de este sí-mismo puramente singular, por otra parte, del saber en cuanto universal. A la vez, aquí estaba puesto esto: que el tercer momento, la universalidad o la esencia, vale, a ojos de los dos polos enfrentados, sólo como saber; y la oposición vacía que todavía resta la cancelan finalmente también, y son el saber de yo=yo; este sí-mismo singular que es, inmediatamente, saber puro, o universal.


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