Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Plenamente se llenaba y cumplía ese concepto, por un lado, en el espíritu cierto de sí mismo que actúa, y por otro, en la religión; en la última ganaba el contenido absoluto en cuanto contenido, o sea en la forma de la representación, del ser-otro para la conciencia; en cambio, en la primera figura, la forma es el propio sí-mismo, ya que contiene al espíritu cierto de sí mismo que actúa, y el sí-mismo recorre de medio a medio, llevándola a ejecución, la vida del espíritu absoluto. Esta figura, como vemos, es aquel concepto simple que, sin embargo, entrega su esencia eterna, existe ahí, o actúa. El escindir o el brotar lo tiene el espíritu en la pureza del concepto, pues ésta es la abstracción absoluta o negatividad. Asimismo, tiene él el elemento de su realidad efectiva o del ser dentro de él, en el saber puro mismo, pues éste es la inmediatez simple, es tanto ser y existencia como esencia, siendo aquéllos el pensar negativo y esta última el pensar positivo mismo. Esta existencia, finalmente, es, asimismo, el ser reflejado dentro de sí a partir de él, tanto como existencia cuanto como deber, o el ser malo. Este ir dentro de sí constituye la oposición del concepto, y es, por tanto, el salir a escena el saber puro que no actúa, que no es efectivo, de la esencia. Mas esta salida suya a escena, en el seno de esta oposición, es la participación que tiene; el saber puro de la esencia se ha exteriorizado en sí, despojándose de su simplicidad, pues es el escindir, o la negatividad que es el concepto; en la medida en que este escindir es el llegar a ser para sí, es lo malo; en la medida en que es lo en-sí, es lo que permanece bueno.—Ahora bien, lo que primero acontece en sí, es, a la vez, para la conciencia, y de una manera igualmente doble ello mismo: es tanto para ella como ella es su ser-para-sí o su propia actividad. Lo mismo que ya está puesto en-sí, se repite ahora, entonces, como saber de la conciencia acerca de ella, y como actividad consciente. Cada uno cede para el otro en autonomía de la determinidad con la que salía a escena contra él. Este ceder es la misma actividad de renuncia a la unilateralidad del concepto, que constituía en sí el comienzo, pero es, a partir de ahora, su renuncia, igual que el concepto al que renuncia es su concepto.—Aquel en-sí del comienzo es, en verdad, en cuanto negatividad, igualmente, lo mediado; tal como es en verdad, así se pone ahora, pues, y lo negativo, en cuanto determinidad de cada uno para el otro y en sí, es lo que se cancela a sí mismo. Una de las dos partes de la oposición es la desigualdad, frente a la universalidad, del ser-dentro-de-sí-en su singularidad: la otra es la desigualdad de su universalidad abstracta frente al sí-mismo; la primera se extingue ante su ser-para-sí, y se despoja, se confiesa; la segunda renuncia a la dureza de su universalidad abstracta, y se extingue con ello ante su sí-mismo sin vida y su universalidad inamovida; de manera, entonces, que aquélla se ha complementado por el momento de la universalidad que es esencia, y ésta se ha complementado por la universalidad que es sí mismo. Por este movimiento de actuar, ha surgido el espíritu: que sólo ahora es espíritu de manera que existe ahí, que eleva su existencia al pensamiento y, por ello, a la contraposición absoluta, y que desde ella retorna precisamente a través de ella adentro de ella misma: y ha brotado como universalidad pura del saber que es autoconciencia: como autoconciencia que es la unidad simple del saber.