FenomenologĂa del EspĂritu
FenomenologĂa del EspĂritu Ahora bien, en la realidad efectiva, la sustancia que sabe existe ahĂ antes que su forma o su figura conceptual. Pues la sustancia es lo en-sĂ todavĂa sin desarrollar, o el fundamento y concepto dentro de su simplicidad aĂșn inmota, esto es, la interioridad o el sĂ-mismo del espĂritu que todavĂa no existe ahĂ. Lo que existe ahĂ estĂĄ como lo simple o inmediato todavĂa sin desarrollar, o como objeto de la conciencia representadora en general. El conocer âpuesto que es la conciencia espiritual, a cuyos ojos lo que es en sĂ sĂłlo es en la medida en que es ser para el sĂ-mismo, y ser del sĂ-mismo o conceptoâ no tiene, de primeras, por esta razĂłn, mĂĄs que un objeto pobre, frente al cual la sustancia y su conciencia son mĂĄs ricas. La patencia manifiesta que la sustancia tiene en esta conciencia es, de hecho, un ocultamiento, pues ella es el ser que todavĂa no tiene sĂ-mismo, y es patente y manifiesto que, a sĂ misma, se es sĂłlo la certeza de sĂ misma. Es por eso que, de primeras, a la autoconciencia sĂłlo le pertenecen, de la sustancia, los momentos abstractos; pero en tanto que Ă©stos, como movimientos puros que son, se impulsan a sĂ mismos mĂĄs y mĂĄs, la autoconciencia se enriquece hasta haber arrancado toda la sustancia a la conciencia, haber absorbido dentro de sĂ todo el edificio de esencialidades de la sustancia, y âtoda vez que este comportamiento negativo respecto a la objetualidad es igualmente un comportamiento positivo, un ponerâ, haber engendrado la sustancia desde sĂ y, con ello, a la vez, haberla restituido para la conciencia. Dentro del concepto que se sabe como concepto, por tanto, los momentos entran en escena antes que el todo cumplido y lleno, cuyo llegar a ser es el movimiento de esos momentos. Dentro de la conciencia, en cambio, el todo es antes que los momentos, pero sin concebir.âEl tiempo es el concepto mismo que existe ahĂ y que, a los ojos de la conciencia, se representa como intuiciĂłn vacĂa; por eso, el espĂritu aparece necesariamente en el tiempo, y aparece en el tiempo mientras no atrape su concepto puro, esto es, mientras no borre el tiempo. Ăste es el sĂ-mismo puro externo, intuido, y no atrapado por el sĂ-mismo, es el concepto solamente intuido; este Ășltimo, en tanto que se atrapa a sĂ mismo, cancela y asume su forma temporal, concibe el intuir y es intuir concebido y concipiente.âDe ahĂ que el tiempo aparezca como el destino y la necesidad del espĂritu que no estĂĄ acabado y completo dentro de sĂ: la necesidad de enriquecer la parte que la autoconciencia tiene en la conciencia, de poner en movimiento la inmediatez de lo en-sĂ, la forma en la que la sustancia estĂĄ dentro de la conciencia, o a la inversa, si se toma lo en-sĂ como lo interior, la necesidad de realizar y revelar lo que primero es sĂłlo interior: esto es, de reivindicĂĄrselo a la certeza de sĂ mismo.