FenomenologÃa del EspÃritu
FenomenologÃa del EspÃritu El movimiento de hacer brotar a partir de sà la forma de su saber es el trabajo que el espÃritu lleva a cabo como historia realmente efectiva. La comunidad religiosa, en la medida en que es primero la sustancia del espÃritu absoluto, es la conciencia en bruto, que tiene una existencia tanto más bárbara y dura cuanto más profundo sea su espÃritu interior, y tanto más duro es el trabajo que su sordo sÃ-mismo tiene con su esencia, con el contenido de su conciencia, que le es extraño. Sólo después de haber abandonado la esperanza de asumir de una manera exterior, esto es, extraña, el ser-extraño, se vuelve —porque la asunción del modo extraño es el retorno a la autoconciencia— hacia sà misma, hacia su propio mundo y su propio presente, descubre que son su propiedad y ha dado, con ello, el primer paso para descender desde el mundo intelectual, o mejor dicho, para, con el sÃ-mismo efectivo, insuflar espÃritu en el elemento abstracto de ese mundo. A través de la observación encuentra, por un lado, a la existencia como pensamiento y la concibe, y a la inversa, encuentra en su pensamiento la existencia. En tanto que la conciencia ha enunciado asÃ, de manera ella misma abstracta, primero, la unidad inmediata de pensar y ser, de la esencia abstracta y del sÃ-mismo, y luego ha despertado la primera esencia luminosa de una forma más pura, a saber, como unidad de extensión y ser —pues la extensión es una sencillez más igual al pensar puro de lo que lo es la luz—, y con ello ha despertado en el pensamiento la sustancia del comienzo, el espÃritu, a la vez, retrocede estremecido ante esta unidad abstracta, ante esta sustancialidad carente de sÃ-mismo, y afirma la individualidad frente a ella. Pero sólo después de que se ha exteriorizado despojándose de ésta en la cultura, la ha convertido asà en existencia y la ha impuesto en toda existencia: sólo después de que ha llegado al pensamiento de la utilidad y, en el seno de absoluta libertad, ha captado la existencia como su voluntad, saca al pensamiento desde su profundidad más Ãntima y enuncia la esencia como yo=yo. Pero este yo=yo es el movimiento que se refleja hacia dentro de sà mismo; pues, siendo esta igualdad, en cuanto negatividad absoluta, la diferencia absoluta, la seipseigualdad del yo se enfrenta a esta diferencia pura, la cual, en cuanto diferencia pura y, a la vez, objetual a los ojos del sÃ-mismo que se sabe, ha de enunciarse como el tiempo, de tal suerte que, igual que antes la esencia fue enunciada como unidad de pensar y extensión, se la habrÃa de captar como unidad del pensar y del tiempo; pero la diferencia abandonada a sà misma, el tiempo sin pausa ni descanso, colapsa más bien dentro de sà misma; el tiempo es el reposo objetual de la extensión, mientras que ésta es la pura igualdad consigo misma, el yo.—O bien: el yo no es sólo el sÃ-mismo, sino que es la igualdad del sÃ-mismo consigo; pero esta igualdad es la unidad perfecta e inmediata consigo mismo, o bien este sujeto es, en la misma medida, la sustancia. La sustancia para sÃ, ella sola, serÃa el intuir vacÃo de contenido, o el contemplar un contenido que, en cuanto determinado, sólo tendrÃa accidentalidad, y serÃa sin necesidad; la sustancia tendrÃa vigencia sólo en la medida en que lo absoluto, en que ella en cuanto la unidad absoluta, fuera pensada o contemplada, y todo contenido, en función de su diversidad, tendrÃa que caer fuera de ella, dentro de la reflexión, la cual no le pertenece a ella, porque ella no serÃa sujeto, no serÃa lo que se refleja por encima de sà y hacia dentro de sÃ, o no estarÃa concebida como espÃritu. Pero si hubiera de hablarse de un contenido, ello serÃa, por una parte, sólo para arrojarlo al abismo vacÃo de lo absoluto, mas, por otra parte, tal contenido habrÃa sido agarrado exteriormente de la percepción sensorial; el saber parecerÃa haber llegado a cosas, a la diferencia de sà mismo, y a la diferencia de cosas múltiples sin que se concibiera cómo y desde dónde.