Fenomenología del Espíritu
Fenomenología del Espíritu Pero el espíritu nos ha mostrado que él no es ni el retirarse de la autoconciencia dentro de su interioridad pura, ni tampoco el mero sumergirse de ella en la sustancia y el no-ser de su diferencia, sino que es este movimiento del sí-mismo que se exterioriza despojándose de sí mismo y se sumerge en su sustancia, y que, en cuanto sujeto, tanto ha ido desde ella hasta dentro de sí, haciendo de ella objeto y contenido, cuanto cancela y asume esta diferencia de la objetualidad y del contenido. Aquella primera reflexión a partir de la inmediatez es el diferenciarse del sujeto respecto a su sustancia, o el concepto que se escinde en dos, el ir-dentro-de sí y llegar a ser del yo puro. Siendo esta diferencia la pura actividad del yo=yo, el concepto es la necesidad y la eclosión de la existencia que tiene a la sustancia como su esencia, y que persiste para sí. Pero la persistencia para sí de la existencia es el concepto puesto en la determinidad, y por eso es igualmente su movimiento en ella misma, movimiento de descender a la sustancia simple que sólo en cuanto esta negatividad y movimiento es, por primera vez, sujeto.—Ni tiene el yo que mantenerse férreamente dentro de la forma de la autoconciencia frente a la forma de la sustancialidad y la objetualidad, como si tuviera angustia de su exteriorización y despojamiento —antes bien, la fuerza del espíritu consiste en permanecer igual a sí mismo en su despojamiento, y, siendo como es lo-que-es-en-y-para-sí, en poner el ser-para-sí como sólo un momento, tanto como el ser-en sí—; ni tampoco hay un tercero que vuelva a arrojar las diferencias en el abismo de lo absoluto y enuncie que allí las diferencias se igualan, sino que el saber consiste más bien en esta inactividad aparente que se limita a contemplar cómo lo diferenciado se mueve en ello mismo y regresa a su unidad.