Fenomenología del Espíritu

Fenomenología del Espíritu

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En el saber, pues, el espíritu ha concluido su movimiento de configurar, en la medida en que tal configurar se halla afectado por la diferencia, no sobrepasada, de la conciencia. Ha ganado el elemento puro de su existencia, el concepto. El contenido, según la libertad de su ser, es el sí-mismo despojándose de sí y exteriorizándose, o la unidad inmediata del saberse a sí mismo. Es el movimiento puro de este despojamiento el que constituye, cuando se lo examina por su contenido, la necesidad de este último. El contenido diverso, en cuanto determinado, está dentro de la relación, y no en sí, y su inquietud es cancelarse a sí mismo, o la negatividad; así, pues, la necesidad o la diversidad, igual que es el ser libre, también es el sí-mismo, y en esta forma dotada de sí-mismo en que la existencia es inmediatamente pensamiento, el contenido es concepto. El espíritu, pues, habiendo ganado el concepto, despliega la existencia y el movimiento en este éter de su vida, y es ciencia. Los momentos de su movimiento ya no se exponen en ella como figuras determinadas de la conciencia, sino que, al haber retrocedido la diferencia de esta última hacia dentro del sí-mismo, se exponen como conceptos determinados y como el movimiento orgánico, fundado dentro de sí mismo, de tales conceptos. Si, en la fenomenología del espíritu, cada momento es la diferencia entre el saber y la verdad, y es el movimiento en el que esta diferencia se va cancelando, la ciencia, en cambio, no contiene esta diferencia y su cancelarse, sino que el momento, teniendo la forma del concepto, unifica la forma objetual de la verdad y del sí-mismo sapiente en una unidad inmediata. El momento no entra en escena como este movimiento que va desde la conciencia o la representación hacia dentro de la autoconciencia y a la inversa, yendo y viniendo, sino que su figura pura y liberada de aparecer en la conciencia, el concepto puro y su movimiento progresivo, penden únicamente de su determinidad pura. A la inversa, a cada momento abstracto de la ciencia le corresponde como tal una figura del espíritu que aparece. El espíritu existente, igual que no es más rico que ella, tampoco es más pobre en su contenido. Conocer los conceptos puros de la ciencia en esta forma de figuras de la conciencia constituye el aspecto de su realidad por el cual su esencia, el concepto puesto dentro de ella como pensar en su mediación simple, desarticula los momentos de esta mediación y se expone según la oposición interna.


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