El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Así que desde el próximo fin de semana la Federación Española de Fútbol se propone evaluar todos los cantitos de tribuna, todos, para denunciar a los que son incorrectos.
A mí esto me parece una idiotez tan hermosa, que miro el reloj a cada rato para que llegue el sábado y ver entrar a la cancha a este grupo de taquígrafos, o de escribanos con cuadernito, de saco y corbata, y verlos tomar nota de lo que canta la gente drogada y borracha en la tribuna:
—A ver, ¿con qué dicen que se laven el culo, Gutiérrez?
—Creo que dicen que con aguarrás, señor.
Me los imagino, atentos y vigilantes, y me muero de amor.
Este grupo de escribanos, si Dios quiere, se va a encerrar después a escuchar todos los cantitos y si encuentran alguna ofensa en las letras (Messi subnormal, Iniesta pelado, Pepe psicótico) denunciará a los aficionados ante el Comité Antiviolencia.
Todavía no queda claro si el objetivo es encerrar en la cárcel a los cantautores, cosa que no pasaba desde el franquismo, o si la idea es rehabilitarlos en centros especializados, para que cuando salgan canten versos más convenientes.
Sea una cosa o la otra, a mí me asalta una duda.