El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Tengo una hija que es nativa digital absoluta. Ella no tiene la menor nostalgia por los libros de papel. A veces le digo: «Mirá, hija, olfateá este libro de mi infancia, sentà la mezcla de tinta, de papel y de tiempo». Y ella huele el libro y me dice: «¡Qué asco!». Y tiene razón. Yo le envidio a mi hija esa ausencia de melancolÃa por el papel. Ella pasa muchas más horas mirando videos de Youtube o aplicaciones del iPad que leyendo libros o revistas. Hasta hace un tiempo esto me preocupaba, pero ahora descubro el error y ya no me importa. No creo que el mundo, dentro de treinta años, mantenga como virtud la concentración.
Ya somos la rana hervida. Ya se nos pasó el tiempo de saltar de la olla y de salvarnos.
Cuando ella tenga mi edad, en el año 2040, quizás concurra como invitada al 3º Simposio del Pendrive Telepático. En esa época los contenidos culturales se van a traspasar al cerebro por una ranura, mediante un dispositivo, en menos de medio minuto: bzzzzzk. La experiencia de leer el Quijote durará lo mismo que una descarga de archivos actual. En veinte segundos el usuario tendrá las peripecias de Alonso Quijano en su cerebro, sin transitar el esfuerzo de haberlas leÃdo. Entonces mi hija irá a ese simposio y tendrá melancolÃa del iPad, tendrá nostalgia de las épocas en que todavÃa los humanos lográbamos mirar videos de Youtube durante nueve minutos sin pestañear.