El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Una lectora mexicana grabó un video en Youtube diciendo que yo era un miserable. Otro lector aportó una frase de Enrique Jardiel Poncela: «El amor es como una goma elástica que dos seres mantienen tirantes, sujetándola con los dientes; un día, uno se cansa, suelta, y la goma le da al otro en las narices». Otro grupo muy divertido, que entiende bien la fusión entre vida y literatura, confesaba que iba a echar de menos a Cristina como personaje de mis historias, y que rechazaría con prejuicio cualquier aparición futura de Julieta, mi nueva pareja, a la que bautizaron con pseudónimos horribles.
Se habían convertido todos en Chichita.
Ese relato, que tiene más de doscientos comentarios muy singulares en los que yo no participo ni respondo (por primera vez en los doce años de mi blog), apareció unos días después en un periódico muy popular de la Argentina y mi abuela Beatriz, la anciana que no debía enterarse de lo que me había pasado, se enteró.
Mi madre fue a visitarla la tarde siguiente y mi abuela estaba más silenciosa de lo habitual. Después del té, madre e hija se sentaron a ver la televisión. Mi abuela entonces preguntó sin vueltas:
«¿Así que Hernán tuvo un infarto?».
Mi madre, sorprendida, le dijo que sí.
«Decile que se cuide, que no sea pavo».