El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Mi madre asintió otra vez y las dos volvieron a quedarse en silencio. Al rato mi abuela arremetió de nuevo:
«¿Y es verdad que se separó, como dice el diario?», preguntó con los ojos suspicaces.
Chichita suspiró profundo, previendo el melodrama, y le dijo que sÃ, que ya no vivÃamos juntos. Entonces mi abuela Beatriz bajó la vista:
«Ay, nena, qué suerte», dijo, «si yo hubiera podido hacerlo, en mis tiempos».