El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Ahora estoy unos días en Barcelona, de vacaciones, y me quedo en la que fue mi casa hasta antes del infarto. O también se puede decir: en la que fue mi casa hasta antes del divorcio. Me cubre el mismo techo pero, obviamente, no duermo en la misma cama. Estoy en la habitación de los invitados, al lado del cuarto de mi hija. Son las ventajas de separarse sin gritos ni peleas. Cristina, mi exmujer, me deja quedarme estos días acá, para que Nina y yo podamos estar juntos más tiempo.
Este es un viaje raro, porque me estoy despidiendo de la casa y de los hábitos. Cuando tuve el infarto, en diciembre, no pude volver ni siquiera a juntar mi ropa, porque los médicos no me dejaron subirme a los aviones. Ahora, que sí puedo volver unos días, le estoy diciendo chau a las rutinas y a los muebles.
Cuando me subí al avión para venir a Sant Celoni metí en la valija unos videos de la obra de teatro que estoy haciendo en Buenos Aires, para que Nina y Cris pudieran verme en acción a mí y al resto de mi familia.