El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida A veces mis amigos de Latinoamérica me preguntan cómo avanza la independencia de Cataluña, pero en realidad lo único que quieren saber es contra quién jugará el Barça si España se rompe. Yo les pongo el caso del Mónaco, que compite en la liga francesa a pesar de ser un principado. Y entonces ellos dicen «ah, qué bueno», y se quedan tranquilos, se alivian, porque lo único que les importa del conflicto catalán es que no peligren los Barça-Madrid que la televisión transmite cada año.
Pero como a mà sà me interesa el asunto, me aprovecho del fútbol para explicarles algunas otras cosas. Les digo que empecé a entender la fuerza del independentismo el dos de junio de 2002. HacÃa poco que me habÃa mudado a Barcelona y la selección de España jugaba su primer partido en el Mundial de Japón. El rival era Eslovenia. En esa época yo vivÃa en el barrio de Gracia y me llamó la atención, tras el primer gol de Raúl al final del primer tiempo, no oÃr gritos en el edificio ni bocinazos en las calles. Yo venÃa de vivir treinta años en Argentina, donde un silencio asà era inaudito.
Cuando Argentina hace un gol durante una Copa del Mundo, las veinticuatro provincias gritamos todas al mismo tiempo, y saltamos tanto que Chile se cae un poco más al mar. (Nota al pie: Chile no es angosto por propia voluntad, sino porque nosotros lo vamos empujando a fuerza de avalanchas.)