El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Del otro lado, silencio.
La arquitecta Prieto fue a la galería de imágenes de la nena y se quedó mirando la segunda foto, en la que ella tenía diez años y el pelo desprolijo y los dientes torcidos. La miró un rato largo: era la foto que más había odiado en toda su vida. Entonces buscó el botón azul y lo apretó lo más fuerte que pudo: «Me gusta». Se quedó un rato embobada, sonriendo. Después cerró la compu y se fue a jugar con su perro.