El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Seguían siendo los ochenta, pero ya muy avanzados; la sombra de Menem ya flotaba en el aire. Una tarde Laura me llamó por teléfono y me dijo que su hermana Maricel tenía una enfermedad muy grave y que solamente podía salvarla una operación en Norteamérica. Estaban empezando a juntar el dinero y necesitaban manos amigas. Fui a su casa, que estaba llena de gente.
Charly, y muchos otros músicos, habían organizado un recital en Palladium: toda la recaudación iría a la operación de Maricel. No cobraba nadie, ni los músicos, ni los sonidistas, ni el alquiler de la sala.
Nadie. Nosotros estábamos ahí para llevar las gacetillas a las radios y a todas partes. Fue una semana intensa de hacer fotocopias y llamar por teléfono a Dios y a María santísima.
Por supuesto, también estuvimos ahí el 7 de julio de 1989 para disfrutar de uno de los conciertos más íntimos de finales de la década, y el primero en el que Charly García y Luis Alberto Spinetta se subieron juntos a un escenario. (Hay un disco, muy poco conocido, que documenta ese encuentro.) La recaudación alcanzó para el viaje y la operación y Maricel voló a Houston dos meses más tarde, ya cuando se le acababa el tiempo. Esa operación le dio algunos años de sobrevida.