El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Entre los treinta y los cuarenta años escribí más de quinientos relatos y los compilé en seis libros. De todos esos cuentos hay por lo menos veinte que tienen alguna frase machista o alguna idea retrógrada que hoy me ruboriza leer. Quiero cerrar este libro, el séptimo, haciéndome cargo de esos párrafos que publiqué en el pasado.
Ustedes pueden ver en la solapa derecha —a pocas páginas de aquí— las portadas de mis libros anteriores. Como además de ser autor soy también mi propio editor, cada vez que tengo que pedirle a la imprenta una reimpresión me pregunto si debería eliminar de esos libros los fragmentos que ahora me avergüenza haber escrito. O corregirlos. O quizás silbar bajito, hacerme el boludo y dejar todo como está. Creo que fue a los cuarenta y tres años cuando me pregunté, por primera vez, qué debía hacer con los párrafos machistas. No es una decisión fácil, porque seguir publicándolos intactos indica obstinación o testarudez, mientras que eliminarlos o corregirlos sin avisar se parece a la actitud cobarde del que tira una piedra y después esconde la mano.
Por eso quiero usar estas páginas finales del libro para informar que tomé la decisión de mantener sin cambios los párrafos que me avergüenzan en los seis volúmenes anteriores. No voy a corregir las próximas ediciones, pero me hago cargo del que fui.