El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida La señora se acercó a Gastón, lo envolvió entre sus brazos para que no tuviera frío, y mientras los policías metían a los papás en un patrullero, la señora le dijo a Gastón:
«Vos no te preocupes por nada, mi vida», y le dio un beso en el cachete, lleno de ternura y de maquillaje y de restos de pizza cuatro quesos.
Y ese beso a Gastón sí le dio muchísimo, pero muchísimo, pero muchísimo asco.