El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida En el montón de los permitidos puso esos libros seriales que se publicaban en los sesenta, del tipo «Jules y Gilles en busca del diamante», «Hardy Boys y el misterio de los seis cachorros de angora». Mierdas gráficas. Libros mediocres de los llamados «juveniles» que se imprimÃan como churros calientes y las madres les compraban a sus hijitos.
Mientras que en la pila de los libros prohibidos iba poniendo novelas que el hombre suponÃa demasiado complejas para mi edad, o que sospechaba que podÃan tener tetas y culos y fornicación.
Puso cada uno de los pilones en las bolsas de arpillera y le dijo a mi mamá que me diera los libros permitidos, y que escondiera de mi vista la segunda bolsa.
Mi madre, que le tenÃa miedo a su papá porque cuando ella era chica el hombre le pegaba, le hizo caso. Llegamos a nuestra casa y ella desparramó en mi pieza la arpillera ética, la bolsa moral, y a la otra bolsa la llevó al lavadero, detrás del patio. Yo me hice el desentendido pero miré bien a dónde se iba Chichita con la bolsa prohibida.
Después pasó el verano, empecé otra vez la escuela y esperé, con paciencia, las primeras tardes en que me dejaban solo en casa. Naturalmente, un dÃa fui al lavadero y empecé a buscar la bolsa prohibida. La encontré rápido, detrás de los detergentes y del anticongelante.