El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Una vez conté que solo voy a las fiestas de casamiento a cumplir un rol: sentarme solo y pensar en la condición humana mientras los demás hacen el trencito. Siempre me gustó observar a la sociedad, desde una mesa lejana, y sacar conclusiones. Pero noto que, últimamente, ya no hace falta ese rol. Las redes sociales lograron que mi generación haga el trencito mientras se burla de la condición humana. Y eso me deja un poco sin trabajo, me hace sentir un jubilado de la ironía.
Si se fijan bien, el mal llamado «cinismo de Twitter» no es más que el target 35/50 intentando comportarse, sin suerte, como el target 15/30.
Lo que puedo decir ya fue dicho mejor
Y por último, la razón que unifica a todas. Ya lo habrán descubierto sin ayuda. Todavía es paulatino, pero también es irremediable: me hago viejo. No veo nada si no me pongo los anteojos, me duelen los huesos cuando llueve y empiezo a entender que no hay nuevas historias, sino etiquetas diferentes para contar las mismas. Y aunque me cueste un poco, voy a intentar escribirlas. Desde hoy tengo un tema flamante del que empiezo a tejer teorías: la vejez.