El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Javier y Alejandra primero me miraron a mí, boquiabiertos y con los ojos desconfiados, como si les estuviera mintiendo; después enfocaron la panza de Julieta sin saber cómo reaccionar. Supongo que ellos pensaron algo que es de algún modo cierto: un año atrás no solamente me salvaron de la muerte sino que también, de carambola, ayudaron a que apareciera en el mundo una vida nueva.
Se pusieron bastante eufóricos los dos. Nos abrazaron, nos empezaron a preguntar detalles y en cada gesto no parecían actuar con la alegría de los amigos nuevos, sino con la felicidad corporativa de una familia que crece.
Después conversamos de otras cosas, pero ya con una felicidad serena instalada en la mesa. Me preguntaron cómo estaba de salud y les conté que muy bien, que comía sano y ya no fumaba. Me felicitaron por ese esfuerzo y entonces les dije que, en contrapartida, hacía un año entero que no escribía nada, porque dejar de fumar me había alterado las rutinas, y que estaba preparando un libro que se iba a llamar «El mejor infarto de mi vida». Primero festejaron el título y después me preguntaron cómo iba publicar un libro si ya no podía escribir, y les dije que pensaba recopilar los cuentos que había escrito antes del episodio cardíaco y los pocos que pude escribir, ya sin ganas, después.