El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida El robo de símbolos patrios en territorio extranjero era entonces, y es ahora también, delito internacional. No te viene a buscar un policía argentino en un patrullero cuando te robás la foto de un presidente del Paraguay. Viene a buscarte el FBI. Vienen a buscarte tres tipos de traje negro con anteojos oscuros, uno de ellos rubio y el otro con audífono blanco en la oreja. El juicio por lo general es corto, porque el Gobierno del agresor prefiere no tener conflictos diplomáticos y nadie te ofrece una defensa digna.
Lo miramos a Chiri y entonces hicimos las cuentas con el Código Penal en la mano: a mi amigo le correspondían tres años y ocho meses de prisión efectiva, no excarcelable, y sin fianza. Pero ojo: cuatro años en cárceles del Paraguay, que no es lo mismo que cuatro años humanos. Pasa igual que con la edad de los perros: a las penas de cárcel paraguayas hay que multiplicarlas por siete. Porque te culean, día y noche.
Mi amigo Chiri, sin embargo, no era consciente de su gesta cuando entró a la redacción con el presidente Wasmosy en el sobaco. Entregó la foto sin mucho espamento y se sentó en su escritorio a esperar que la escanearan para devolverla. Así dijo. Para ir a devolverla.