El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Pero no tuvo suerte. En la Embajada no le quisieron dar ninguna foto del presidente del país hermano. Chiri supo que se estaba jugando el puesto, así que insistió. Le dijeron que regresara el lunes. Entonces insistió más, porque no podía volver el lunes. Y le dijeron que se fuera.
Cuando volvió a la redacción, sin embargo, Chiri traía bajo el brazo un retrato inmenso del presidente Wasmosy. El primer mandatario del Paraguay estaba mirando al horizonte, impoluto, con la banda tricolor al pecho. Nos sorprendimos un montón, porque era un retrato enmarcado en roble, de treinta por cuarenta y cinco. Le preguntamos a Chiri quién le había cedido la imagen.
—La descolgué de la pared de la Embajada antes de irme, porque no me querían dar ninguna —dijo mi amigo.
Éramos siete en la mesa de trabajo de la redacción. Es decir, fuimos catorce ojos que se quedaron mirando a Chiri con estupor.