El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida —Ayer entró un tipo por la ventana y me quiso fornicar. Yo estaba adentro de las sábanas y cuando saqué la cabeza, asustado, el tipo me mira y me dice «Vos no sos el gordo», y me deja de fornicar. Se levanta de la cama, me pide disculpas y se escapa por la ventana. Iba en un ciclomotor de la marca Zanella. No apareció nunca más.
Yo miré la taza de café que tenÃa Gonzalo en la mano: le temblaba. Antes de que se pusiera a llorar lo tranquilicé:
—Estamos en carnaval —le dije—. En estas épocas vale todo, Gonzalo.
El susto de Garcés fue enorme, y yo creà siempre que se habÃa olvidado de aquello. En esa época me preocupé más por el susto de mi amigo Chiri, que duró muchos años y fue traumático. Creer que estás violando en chiste a un amigo gordo, de toda la vida, y ver de repente que estás violando en chiste a una promesa literaria menor de edad, es horrible. Esa imagen no se va muy fácil del subconsciente. Pobre Chiri.
Con el paso de los años fue peor, porque Gonzalo Garcés empezó a crecer en el mundo hispanoamericano de las letras, se convirtió en un gran escritor, en un crÃtico implacable, en el director de una editorial prestigiosa, y el trauma de Chiri creció siempre a la par de la consagración de Garcés.