El mejor infarto de mi vida
El mejor infarto de mi vida Nos conocimos por casualidad porque aquel año integramos una antología de «jóvenes promesas literarias» de entonces, y se había publicado un libro con veinte autores adolescentes. Yo leí su cuento y fue el único que me gustó, entonces lo llamé por teléfono y lo invité a casa para charlar. Estuvo en Mercedes ese fin de semana. Lo llevé al carnaval del pueblo, que es uno de los carnavales menos luminosos y más tristes de la provincia de Buenos Aires.
La pasamos muy bien todo ese día, hasta el accidente nocturno. Gonzalo Garcés se quedó a dormir en casa y le ofrecí mi habitación. Yo me fui a dormir la borrachera a la cama de mis padres, sin recordar la rutina de Chiri por las madrugadas. Esa noche Gonzalo, un chico buen mozo y frágil, se acostó y apagó la luz en una ciudad desconocida de la llanura pampeana, y se quedó dormido, sin saber que en medio de la noche un borracho joven entraría a oscuras por la ventana y se subiría encima suyo para sodomizarlo.
Yo no escuché el grito, porque la habitación de mis padres quedaba lejos. No me enteré de nada. Pero a la mañana siguiente encontré a Gonzalo en la cocina. Desayunaba con los pelos alborotados. Me dijo: