Los Nueve Libros de la Historia
Los Nueve Libros de la Historia XXII. La tercera, finalmente, a primera vista la más probable, es de todas las más desatinada; pues atribuir las avenidas del Nilo a la nieve derretida, son palabras que nada dicen. El rÃo nace en la Libia, atraviesa el paÃs de los etÃopes, y va a difundirse por el Egipto; ¿cómo cabo, pues, que desde climas ardorosos, pasando a otros más templados, pueda nacer jamás de la nieve deshecha y liquidada? Un hombre hábil y capaz de observación profunda hallará motivos en abundancia que lo presenten como improbable el origen que se supone al rÃo en la nieve derretida. El testimonio principal será el ardor mismo de los vientos al soplar desde aquellas regiones; segunda, falta de lluvias o de nevadas, a las cuales siguen siempre aquellas con cinco dÃas de intervalo; por fin, el observar que los naturales son de color negro de puro tostados, que no faltan de allà en todo el año los milanos y las golondrinas, y que las grullas arrojadas de la Escitia por el rigor de la estación acuden a aquel clima para tomar cuarteles de invierno. Nada en verdad de todo esto sucediera, por poco que nevase en aquel paÃs de donde sale y se origina, el Nilo, como convence con evidencia la razón.